jueves, 9 de junio de 2011

GABARDINAS Y TRINCHERAS

Gabardina. ¿Clásica o Trinchera?

La primera gabardina como tal fue inventada por Thomas Burberry y no por un asunto relacionado con la Moda precisamente. La inventó ante la necesidad que tenían los trabajadores del campo de tener una prenda resistente e impermeable que les protegiera de la lluvia. 
Burberry empezó a experimentar con el algodón y para conseguir la “tela de gabardina” impermeabilizó el hilo antes de tejer la tela, así conseguía el efecto deseado: que las gotas de lluvia resbalasen por el tejido.
El nombre "gabardina", es, al parecer de origen castellano. Son numerosos los autores que están de acuerdo en que la palabra se usaba ya hacia 1400, mucho antes de la aparición de las actuales gabardinas, y que es un cruce léxico entre gabán y tabardina (diminutivo de tabardo).

Uno de los estilos de gabardinas favoritos de la moda es la llamada “trinchera” o trenchcoat, pues es una prenda clásica y con la peculiaridad de que nunca pasa de moda. Esta gabardina es característica por su cinturón, sus amplios bolsillos, los pliegues en los hombros y en los puños, entre otros muchos detalles.

Podría pensarse que  todas estas complicaciones del corte son adornos solamente, pero no es así. Resulta que esta prenda se invento allá por la Guerra de los Boers y se generalizó en el ejército inglés durante la Primera Guerra Mundial, para proteger de las lluvias a los soldados que combatían desde las trincheras, de las que tomó su nombre.
Años más tarde, la gabardina se hizo célebre en el cine, como prenda fetiche de detectives y gánsteres. Eso sí marrón y siempre anudada a la cintura. O sea, la denominada trinchera.


Y todo esto viene a cuento respecto al largo invierno social que estamos atravesando, en el que no pocos tendremos que utilizar gabardinas para resguardarnos de la lluvia de la crisis y de la nieve de nuestros políticos corruptos.


Pero, tal y como están las cosas, vamos a necesitar una gabardina de faena, una trinchera, más adaptable al esfuerzo. Los políticos y los ciudadanos hemos de tomarnos en serio la modificación de nuestro comportamiento social y político. Y actuar. Y, en estos casos, de nada nos va a servir una gabardina clásica, de bonito. Precisamos más de la sufrida trinchera, que nos va a permitir movernos, gesticular y denunciar. 


O sea, que no me fío de los políticos de traje y corbata a todas horas. Si pretenden cambiar el estilo de hacer política, tendrán que empezar por cambiar su indumentaria y acercarse, después, mucho más a la sociedad a la que tienen que servir.


¿Lo han comprendido? ¿De verdad? Pues hala, a cambiar el método.



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